16 dic. 2010

"El Dulce Viaje"


Hoy me regalaron un mensaje muy padre y quiero compartirlo con ustedes:

"Para alcanzar algo que nunca has tenido, tendrás que hacer algo que nunca hiciste. Cuando Dios te quita aquello que tenías agarrado no está castigándote, simplemente está abriendo tus manos para que recibas algo mejor. La Voluntad de Dios no te llevará donde la Gracia de Dios no te proteja."

Y es cierto, porque Sus planes siempre serán mejores que los nuestros.

Pronto estaré con mi hijo en México, nuestra tierra natal. La razón va más allá de pasar un diciembre con la familia, en realidad iremos a acompañar a mi madre y a mi padre en su partida. La fecha exacta de su viaje no la sé, lo que sí sé es que muy pronto partirán hacia la eternidad. Debo confesar que jamás he experimentado una situación similar con alguien tan cercano; tampoco esta fortaleza que me acompaña; así como también ese anhelo de tomar sus manos mientras lo hacen para, al mismo tiempo, susurrarles al oído que Cristo los ama y que abrirán sus ojos en Su Presencia. Y será ahí, en Su Presencia, donde vivirán para siempre sin lágrimas, llenos del amor más sublime que es el de Dios Todopoderoso. Tengo la certeza de que así será porque ambos le abrieron su corazón a Cristo hace algunos años y están a cuentas con El.

El simple hecho de comprender que Cristo ya venció a la muerte en la cruz del Calvario, me hace crecer en la fe y confiar mucho en Sus Promesas.

Si tienes a tus padres ó a alguno de ellos todavía, ¡ámalos, cuídalos, perdónalos, abrázalos, bendícelos!...habla con ellos, velos a visitar, escúchalos (aunque repitan lo mismo), porque esos momentos no volverán a repetirse.

Si están enfermos acompáñalos al médico, no los regañes. No pelees delante de ellos. No "avientes la bolita" de haber a quien le toca cuidarlos, porque llegará el día en que ya no estén aquí y, como hijo(a), será demasiado tarde si se es desagradecido. De nada vale desgarrarse de dolor frente a un ferétro si en vida no los amaste.

Si tienes algo contra ellos ó contra alguno de ellos, pide a Dios que te cambie el corazón y que ponga dentro de él Perdón, porque el perdón viene del amor más puro que es el de Dios mismo. Una vez hecho esto, ¡búscalos!, y hazles saber lo que Dios hizo por ti y el por qué les perdonas. Si por alguna razón esto ya no es posible, te garantizo que Jesús mismo quitará de tu corazón la amargura del resentimiento y te llenará de El para que puedas perdonarlos y se alivie tu dolor.

Si viven contigo dales su lugar, no los hagas sentir como si estorbaran y mucho menos los ignores. Inclúyelos en tus planes y hónralos. Pide su consejo.

Si viven en otro lado, visítalos, no los olvides. Escucha sus palabras y has que tus hijos los respeten y cuiden. ¡Que te vean hacerlo!, de lo contrario de nada servirá y un día, si es que llegas a viejo(a) te tratarán igual.

Y si nunca los conociste por alguna razón (muerte ó abandono), sabe que Cristo te amó desde el principio y él quiere ser el Padre que tú necesitas: Amoroso, fiel, perdonador, misericordioso, protector y proveedor.

Por último, si conoces de Cristo háblales de El y, sobre todo, que te vean vivir en Sus principios.

Bueno, tengo que irme. Los amo y recuerden que nada de esto será posible con un corazón vacío de Dios.

Meche Contreras

Efesios 6:1-3: "Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra."