17 ago. 2010

¿Hacia dónde vas?


¿Ustedes conocen las ruedas de hámsters?, sí, esas ruedas donde el roedor corre sin parar gastando toda su energía sin ir a ningún lado; bueno pues así vivía. Siempre creí que en mis fuerzas controlaría mi vida, que me bastaba a mí misma y corría, corría y corría hasta llegar a ninguna parte.
Aferrada a mis conceptos personales de la vida me sumergí en un gran número de "ofertas engañosas" que prometían el "camino a la felicidad". Devoraba lecturas de superación personal, ciencia ficción, corrientes filosóficas y religiones porque quería encontrar a un dios que se ajustara a mi manera de vivir y de pensar. El engañoso método se apoderó de mí y me entregaba en cuerpo y alma a mi búsqueda. Caí en la trampa de esperar encontrar respuestas en el mundo y en poner mis esperanzas en los seres humanos. Estaba en "bancarrota espiritual". Escuché a muchos que decían tener la verdad pero sus vidas personales decían otra cosa. Experimenté con mantras, meditaciones, inciensos y ¡nada!, de un alucine sensorial no pasaba.
Caminé en un desierto cuarenta años de mi vida, sumida en depresiones, desesperación, fumando , desvelándome leyendo hasta el amanecer y cada día experimentando más vacío y soledad. Una vida sin rumbo era la mía , quería encontrar al verdadero Dios y ninguna religión me lo mostraba.
¿Saben? me quería morir, no le encontraba sentido a mi existencia; tenía éxito en mi trabajo, un hijo precioso, una linda casa y sin razón aparente ¡yo me queria morir!
Pero una tarde alguien al ver me infelicidad me compartió unas palabras que me dejaron impactada: "De modo que si alguno está en Cristo nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas", 2Cor 5:17
Al escuchar estas palabras algo pasó, deseé como nunca una vida nueva. Yo no entendia como Dios lo haría pero qué podía perder si yo estaba perdida. Una vez más mi intelecto se cuestionaba pero mi corazón quería creer, era una lucha interior muy fuerte. Me arrodillé y con toda honestidad le pedí perdón a Dios, comprendí que en esa cruz Jesucristo había muerto por mis pecados. Yo era una pecadora pero quería esa vida nueva que El prometía. Le pedí a Jesucristo que entrara a mi corazón y nunca se fuera. Le pedí que tomara mi vida destrozada en sus manos y que me salvara. Lloré como nunca y por primera vez en mi vida sentí paz, una paz que sobrepasa el entendimiento humano; me sentí escuchada, consolada, me sentí viva.
Aquella tarde El me quitó el hábito del cigarro; me puso un Amor por El y por su Palabra; me enseñó a amar y a perdonar a las personas y a amarme a mí misma.
Bastó un instante de fe en El para sentirme feliz cosa que ni los libros, ni filosofías, ni religiones pudieron darme.
Jesucristo es Dios y está vivo. El nos creó, somos el objeto de Su Amor. El vino a rescatar a la humanidad sin hacer acepción de personas. El nos ama pero no a nuestras malas acciones.
Ahora sé que esta vida es la preparación para la eternidad. Que la Biblia es la Palabra y la Mente de Dios. Que Jesucristo es Real.
"Jesús dijo: Yo soy el Camino; y la Verdad; y la vida, nadie viene al Padre sino por mí", Juan 14:6
El problema del ser humano es la falta de Jesucristo en su vida; dice conocerle pero no le cree y dice "creerle" pero no le tiene.
"Si el paraíso se perdió
Jesús lo puso en mi interior, amigo"


Meche Contreras Blanch